lunes, 19 de enero de 2009

Crónica de mi recorrido por el sur de Israel

Quiero compartir con ustedes este artículo, de mi autoría, que será pronto publicado en dos medios de comunicación disitintos, con respecto a un viaje que hice al sur de Israel pocos días antes del fin de la operación israelí contra el Hamás.

Experiencias y pensamientos desde la zona que nunca le importó, importa ni importará a nadie y mi respuesta a Adolfo Pérez Esquivel


En estos momentos, el ejército israelí se está retirando de Gaza, después de la operación realizada allí con la intención de detener los ataques con misiles realizados por la organización terrorista Hamás durante ocho largos años.

Sin embargo, después del alto el fuego israelí, el Hamás lanzó veinte misiles más y, quizás, lo seguirá haciendo cuando este artículo sea publicado. Pero el liderazgo de esta organización terrorista ha llamado a cesar los ataques contra suelo israelí momentaneamente, a cambio de la retirada completa del ejército hebreo y la apertura de los pasos fronterizos con Israel.

El día miércoles tuve la oportunidad de viajar al sur, pues se casaba un amigo residente de la ciudad portuaria atacada por misiles desde Gaza, Ashdod. Sin embargo, debido a esta situación, hubo un cambio de planes y la fiesta se hizo en un salón de la ciudad de Rejovot, la que se encontraba fuera del alcance de los cohetes.


Fue para mí una experiencia formidable asistir a este festejo, pues a pesar de todos los problemas, la gente disfrutaba, bailaba y se divertía, con al intención de olvidar, al menos por un rato, el difícil momento por el que se estaba atravezando.

Antes de ir al casamiento, había arreglado con un amigo, también residente de Ashdod, irme a dormir al departamento en el que vive junto a su novia, una vez terminado el festejo. Antes de llegar al salón de fiestas, leo las noticias en el celular y me entero que un misil cae en Ashdod. Una vez en la fiesta, le comento a mi amigo lo sucedido y me dice: "sí, ya sé, cayó atrás del edificio de mis viejos". Vale aclarar que una semana antes, un misil había impactado a 400 metros de su domicilio. Recuerdo haberme comunicado con él inmediatamente después del ataque y escuchaba a su novia hablando por teléfono con su madre mientras lloraba. Yo, al vivir en el centro del país, sólo me enteraba de lo que sucedía en el sur con los noticieros israelíes que transmitían casi las 24 horas, dejando de lado varios programas televisivos.

Después del casamiento, fuimos para Ashdod. Al llegar, mi amigo me mostró dónde estaba el cuarto de protección (en Israel todos tienen uno, o bien, un refugio), en caso de que llegue a sonar la alarma que avisa a todos los habitantes de la ciudad que está por impactar un cohete. Los habitantes de Ashdod, tenían 45 segundos para cubrirse. Cuánto más cerca de Gaza se encuentra la ciudad, menos tiempo para correr a un lugar protegido hay. Le pregunté a ellos si se imaginaron que un misil alguna vez iba a llegar a su ciudad, pues durante ocho años nunca impactó ninguno y ambos me dijeron que no. Evidentemente, el grupo terrorista palestino Hamás engañó bien al pueblo israelí y tras ocho años de provocaciones y de "treguas" que nunca respetaron, esperaban una respuesta israelí para poder lanzarlos. Y no se limitaron con Ashdod, sino que puedieron llegar incluso a Yavne, ciudad ubicada a unos 25 km de Tel Aviv y a Beer Sheva, ubicada a unos 40 km de Gaza. Un millón de habitantes entraban en el radio de alcance de los misiles desde que Israel comenzó la operación.

Al despertarnos, mi amigo se fue a trabajar y me recordó: "seguí durmiendo, pero prestá atención a la alarma". Misión difícil la de dormir y estar atento al mismo tiempo, pero intenté hacerlo, pues me imaginé que si hay gente que vive así durante ocho años, yo puedo estar unas horitas sin problemas.

A eso de las nueve de la mañana me comuniqué con un rabino residente de Ashkelon, una de las ciudades que más sufrió los ataques desde Gaza y que, incluso, antes del comienzo de la operación, había sido víctima de varios impactos de morteros. Le pregunté si le podia hacer la entrevista que habíamos arreglado. Se disculpó, pero me dijo que no se iba a poder realizar, ya que tenía una reunión y después quería ir a visitar a su mujer e hija que estaban pasando los días del conflicto en Hod Hasharón, ciudad ubicada en el centro del país. Entendí su situación, pero no me detuve y viajé hacia Ashkelon para tener una idea de cómo se vivía todo desde allí.

Comencé mi caminata a la estación central de Ashdod para tomarme un colectivo que me deje en Ashkelon. En el camino casi ni hay negocios cerrados, pero sí carteles señalando lugares protegidos y, aunque menos que habitualmente, un movimiento considerable en las calles. Una vez en la estación central, ví carteles pegados en las puertas de vidrio en los que decía lo siguiente: "en caso de escuchar la alarma, alejarse de la puerta", o bien me encontré con instrucciones brindadas por el ejército israelí en las que señalaba cuáles eran los pasos a seguir en caso de escuchar la alarma en un vehículo, caminando o dentro de una edificación.

Llegó el colectivo y tomé asiento. El chofer encendió la radio y la puso en volumen alto (calculo que a propósito), sintonizó una AM conocida, en la que por supuesto, se informaba y comentaba sobre el combate contra el Hamás. Por supuesto se informaron de más misiles cayendo en territorio israelí y que al operación contra los terroristas en Gaza continuaba. En la pausa del programa radial, se escuchaban publicidades comunes, pero de pronto apareció la voz de un soldado israelí presentándose y pidiéndole a los residentes sureños ser fuertes, que ellos los están cuidando. Escuchar esto y ver lo que sucede en Gaza, donde los miembros del Hamás esconden su armamento y se ocultan ellos mismos en escuelas, hospitales, mezquitas y casas de familia, o bien, se disfrazan de civiles y se entremezclan entre la población con el arma escondida, me daba a entender a mí y a cualquiera cuál era el objetivo del Hamás: intentar tener la mayor cantidad de bajas civiles para que la Comunidad Internacional, por lo general ciega de un ojo, demonice a Israel. "Podemos perdonar a los árabes por matar a nuestros hijos. Pero nunca les vamos a perdonar el hacernos matar a los suyos" dijo alguna vez Golda Meir. Aunque en estos momentos se puede cambiar el término "árabes" por "Hamás", ya que muchísimos musulmanes detestan a esta agrupación terrorista y fundamentalista que no sólo se llevó la vida de miles de israelíes, sino que también de cientos de disidentes palestinos, por el sólo hecho de pensar distinto o de oponerse a que se lancen misiles desde sus hogares.

La radio seguía transmitiendo y, en un momento, comenzaron a tratar el tema de la demonización de la que es víctima Israel en los medios de comunicación y en la mayor parte de la Comunidad Internacional. De todo lo que se dijo, me quedé con las siguientes frases dichas por esos periodistas: "¿Cómo se puede negociar con fanáticos religiosos que dicen que Dios los quiere así, matando judíos?" o "Si Israel practicara el ojo por ojo sin que le importen las víctimas inocentes en Gaza, la guerra se terminaría en horas sin que haya ni una víctima del lado israelí". No podemos olvidar que Israel detenía el combate durante tres horas por día para el ingreso de ayuda humanitaria, alertaba a la población por medio de panfletos para que deje determinada zona que estaba apunto de ser atacada, o bien, directamente telefoneaba a las familias que se encontraban en los edificios donde se escondían terroristas y su armamento para que abandonen el lugar antes del bobardeo. Se intenta evitar el daño a la población civil por todos los medios y se lamenta la pérdida de los mismos cuando sucede. Es por eso que Israel atendió a varios heridos palestinos. Sin embargo, el Hamás tiene como objetivo la "destrucción de Israel" y "matar a los judíos (perros que descienden de los cerdos) donde quiera que se encuentren", o sea, asesinar a todo el pueblo, como lo quiso Hitler alguna vez.

Llegué a Ashkelon. La verdad no conocía mucho la ciudad. Había estado dos veces en mi vida, por lo que no sabia con exactitud cómo era el movimiento habitual a esa hora del día. Pero sí pude observar varios taxis estacionados esperando pasajeros que no aparecían y no mucha gente en la calle. Sin embargo, mucho más de lo que me imaginaba. Los estacionamientos de los centros comerciales no estaban llenos, pero casi. La gente caminaba con relativa tranquilidad y se sentaba a comer en diversos restaurantes o puestos de comida rápida.
Si bien no todos, la mayoría de los comercios estaban abiertos.

La verdad fue para mí una sorpresa, pues hace aproximadamente un año y medio viajé a Sderot, ciudad ubicada a un kilómetro de Gaza, donde caían a diario cohetes y casi todos los negocios estaban cerrados y las calles semi vacías. Es cierto que Ashkelon no está tan cerca de Gaza como Sderot y que la cantidad de misiles que caían se había reducido, pero nunca me imaginé ver a la gente siguiendo con su vida rutinaria. Seguramente es la costumbre de esta gente, la que los lleva a no demostrar tanto miedo y tanta preocupación. De todos modos, claro está, les gustaría ya desacostumbrarse a vivir así. Yo, por mi parte, mientras caminaba y hacía algunas anotaciones me fijaba para dónde podía correr a protegerme en caso de que sonara la alarma.

Continué mi recorrido por Ashkelon y ví un cartel con el siguiente mensaje: "Tzahal (nombre del ejército israelí por sus siglas en hebreo) el pueblo de Israel está contigo" y otro de un negocio ofreciendo descuentos a soldados y fuerzas de seguridad.
En el shopping de la zona, una parte estaba cerrada por motivos de seguridad. En la calle encontré un volante de un restaurant en el que anunciaban que reabrian sus puertas con el siguiente título: "volvemos a la rutina". De repente pasaron a mi lado dos reporteros españoles, quienes estaban haciendo una pausa. En fin, el ambiente no era del todo malo como esperaba, pero se notaba que estaban poco a poco saliendo de un clima de guerra.

Sin que haya sonado ninguna alarma, comencé a volver a la estación central de Ashkelon, donde había un soldado que no se terminaba de despedir de su novia y otros tantos esperando con caras de cansancio y resignación el colectivo que los iba a trasladar más al sur y al combate.

Yo, por mi parte, viajé en dirección norte hasta llegar a la ciudad de Rishon LeTzíon, ubicada en el centro del país. Allí me tomé un taxi. Me resultó extraño que el chofer me pida indicaciones, pero me sacó la curiosidad cuando me dijo: "disculpá, yo soy de Ashkelon, ahí no hay nada de trabajo, por lo que tuve que venirme para acá para reacaudar algo". En el viaje seguimos charlando del conflicto y me contó que un hermano de él estaba adentro de Gaza, ya que fue llamado como soldado reservista. Le pregunté si tenía contacto con él, a lo que respondió con una sonrisa que había podido hablar con él un día antes, pero que era la primera vez y no sabía cuándo se iba a poder repetir. Itzik, este simpático taxista me dio su opinión y me aclaró por qué a la gente en Ashkelon se la notaba relativamente tranquila, a pesar de todo, con las siguientes palabras: "antes la gente tenía miedo porque nos atacaban siempre pero no se hacía nada para detener esta situación. Ahora no es ideal, pero por lo menos se está haciendo algo para que paren de arrojar misiles desde Gaza de una vez". En contraste con lo que dijeron o escribieron muchos "intelectuales", Itzik demostró analizar mucho mejor la situación que otros que se autodenominan "analistas" o "pensadores" como el ganador del Premio Nobel, Adolfo (¿casualidad este nombre de pila?) Pérez Ezquivel, quien justificó los ataques del Hamás de la siguiente manera: "Debemos reclamar al pueblo de Israel que suspenda inmediatamente la invasión a la Franja de Gaza; reclamar a Hamas la suspensión inmediata de los ataques con misiles a las colonias israelíes". Primero, este "intelectual" demuestra ser un total antisemita pues olvida los ocho años de atentados suicidas y misiles lanzados casi a diario desde la Franja de Gaza, los que Israel intentó detener en reiteradas oportunidades por la vía diplomática. O sea, primero había que haberle pedido al Hamás que detenga sus ataques, ¿no le parece? Por otro lado demuestra una ignorancia total y absoluta al decir que los misiles caían en "colonias", pues Israel se retiró de Gaza en el 2005 ¿Lo recuerda? O sea, los misiles caían en territorio israelí, fuera de Gaza, dentro de la línea verde ¿Ahora lo entendió? Entonces ¿le extraña al lector que este personaje, además, compare a Israel (léase judíos) con los nazis o que tilde de "muro infame" a la valla de seguridad que salvó miles de vidas de civiles israelíes? Parece ser que el señor Esquivel nunca vino para Israel, pues el "muro" es tan sólo un 5% de toda la valla (Sí Adolfo, yo he pasado todos los días por allí) y se hizo de cemento en ese lugar porque francotiradores disparaban a la gente. El cemento detiene las balas, pero quizás preferís que se detengan en la frente de un judío, ¿no? Sí, creo que eso te gustaría. El resto de la valla de seguridad es un enrejado con cámaras y puestos de seguridad ¿Eso también lo querés quitar? Sí, de este modo los terroristas entrarían y harían un segundo Holocausto ¿Sabés cuántos judíos viven en Israel? Seis millones ¿Te suena el número? Claro que sí. Eso sucederá si Israel no se defiende ¿Acaso sabés que el Hamás forma parte de la "Jihad" y quiere exterminarnos a nosotros como lo quiere hacer con vos? Vamos Adolfito ¿Vos sos pacifista? Eso sí que es irónico eh.
Señor Pérez Esquivel, el pueblo judío, sea en Israel o en cualquier parte del mundo, quiere un Estado palestino viviendo en paz con su vecino israelí. Abú Mazén, líder de la Autoridad Palestina (quien supo tildar al Hamás de terrorista mientras vos los llamás "milicianos"), también. Para eso hay que sacar al que lo está impidiendo del camino ¿No te parece?
Pero no te preocupes. No estás para nada sólo con tu odio. Tenés a toda la izquierda progre, a los islamistas radicales y a los neo-nazis de tu lado. Sí, te recomiendo leer y verás que tienen un discurso parecido, sino idéntico.
¿Viste? Itzik el taxista se merece ese premio más que vos que ni siquiera sabías que las colonias en Gaza no existen más desde el 2005.


2 comentarios:

flavio g dijo...

Exelente artículo Leandro.
Si hay algo de positivo en todo esto, es que el "estigma secreto" de la izquierda, ha dejado de ser secreto. Me refiero a su antisemitismo.
http://libros.libertaddigital.com/miserias-del-marxismo-1276232867.html

Leandro Fleischer: notas y entrevistas dijo...

Gracias Flavio. Y es cierto. Antes se preocupaban, por lo menos, de poner la palabra "sionistas" en vez de "judíos" en sus acusasiones similares o identicas a las de los nazis. Hoy en día, poco a poco, ya ni en eso se molestan y abiertamente se oponen violentamente a los "judíos" con los mismos mitos y metiras que durante el Holocausto.