domingo, 9 de noviembre de 2014

El mito del Estado presente



El pasado fin de semana, una vez más, los ciudadanos de vastas regiones de la provincia de Buenos Aires y conurbano bonaerense sufrieron las consecuencias catastróficas generadas por una lluvia sostenida, en forma ininterrumpida, por 48 horas. Las consecuencias más graves, una vez más, pudieron ser medidas en términos de vidas humanas, esta vez fueron 3 las víctimas mortales. Miles de personas lo perdieron prácticamente todo. Vieron, una vez más, como el fruto de lo generado a lo largo de sus vidas, corría y desaparecía con la corriente de agua que las avasallaba. Así, una vez más, fueron víctimas de una violación, de un asalto al derecho de mantener protegido el fruto de su trabajo por parte de la institución que mes a mes, exige de ellos el pago por la mantención de infraestructura con la cual esa terrible pérdida debería haber sido tan solo una hipótesis.

En medio de esa coyuntura descrita, hace unas horas el Ministro de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires, Guillermo Aparicio, ha declarado ante esta desgracia que: “Dios es justo”. Tal declaración se trazó como parte de una argumentación sobre la cual se puntualizaba que también los barrios cerrados –donde se concentra parte de la ciudadanía de mayor poder adquisitivo-, fueron víctimas de la catástrofe y no causantes o indemnes a la misma. También, este señor, declaró que los equipos de Alicia Kirchner y el Gobernador Daniel Scioli estuvieron trabajando en todo momento para brindar la “ayuda social” a las víctimas. En este último punto declaró abiertamente -y con una especie de orgullo de pertenencia a una “administración eficiente”-, que: “Estamos demostrando con esta ayuda social que, estando cerca de las víctimas de esta desgracia, hay un Estado presente que se hace cargo de los problemas de la gente”.

¿Hay, realmente, un Estado presente que se hace cargo de los problemas de la gente o más bien estamos en presencia de un Estado presente que los genera para activar con posterioridad unos paliativos que no deberían haber sido necesarios?

Sobre el apelativo a la divinidad con el que este ministro ha deslindado responsabilidades mencionando que “Dios es justo” -a la par de una osada reflexión sobre el sufrimiento ciudadano-, debemos dejar en claro que esa declaración ha sido un increíble sinceramiento sobre el sufrimiento de la ciudadanía y no una declaración responsable por parte de un funcionario público para con ella. ¿Es que Dios hace justicia haciéndonos sufrir a todos por igual? ¿Es que el consuelo al que puede pretender la ciudadanía se sintetiza en la declaración de un funcionario que indica que ante la desgracia propia debe conservar la calma a sabiendas que también hubo desgracia ajena? ¿Acaso hemos advertido en toda su dimensión la increíble apología y encubrimiento de la desidia que este Ministro provincial ha realizado y la falta de consideración para con los ciudadanos que en su declaración ha expuesto? Entendemos que no. Y entendemos que habrá que pedir las explicaciones correspondientes.

En cuanto a la segunda de las declaraciones, debemos puntualizar que es una falacia más con la cual, desde hace más de una década, se viene construyendo una gran mentira llamada exculpatoriamente como relato. Digámoslo de una buena vez, la declaración de Aparicio que indica que habrían mostrado que el Estado estuvo presente, es una completa afrenta al ciudadano gestada por una falta de decoro a los deberes de funcionario público, intolerable. La mentira ante la muerte es la peor de las acciones que desde un Estado se puede hacer para con la ciudadanía, nuestra experiencia pasada así nos lo ha hecho saber. El “Estado presente” no es más que un mito de campaña y, una vez más, éste fin de semana quedó demostrado. Y digámoslo de una buena vez, EL ESTADO AUSENTE ES EL QUE PERMITE QUE SE NOS BRINDE LA APARIENCIA DE UN ESTADO PRESENTE. Los paliativos, subsidios y ayudas sociales luego de una desgracia que pudo haberse evitado, es la expresión objetiva del derroche de recursos, de la mala administración, de la desidia de Estado y desparpajo de sus funcionarios para con los deberes obligatorios que atañen a su función.

La ayuda social no debería existir para paliar algo que no debiera ser necesario si las obras de infraestructura se realizan en tiempo y forma. La ingeniería es, en este caso, una acción de altruismo superior a la militancia voluntarista. La ciudadanía no puede ser expoliada en su dignidad cuando se la deja tirada a merced de la naturaleza, para luego -y gracias a sus desgracias-, vengan hordas de funcionarios públicos y militantes a mostrarse comprometidos brindando un ropaje en forma de mendrugos para que el ciudadano afronte sus avatares. Acción que hoy parece llamarse “Estado presente para brindar la dignidad quitada por otros”.

¿Qué cosas considera dignas y qué acciones considera como derechos esta administración Nacional y Provincial de la cual somos víctimas? ¿Acaso consideran medir la dignidad de una persona con la cantidad de un subsidio de mil pesos para recuperar una vida perdida bajo el agua? ¿Considera esta administración como un derecho ciudadano la posesión de un par de artefactos para cubrir sus vidas de la próxima inclemencia de tiempo y que a consecuencia de la falta de obras volverá a ponerlos como mendigos a llenar formularios ante un mostrador?

Un “Estado presente” como indica este funcionario de Desarrollo Social, se da precisamente cuando NO SE LO NECESITA. El Estado presente no es tal cuando se necesita correr o gritar ante un micrófono buscando responsables de una desgracia evitable. Un estado presente es, precisamente, aquel cuya administración gestiona los recursos de tal manera que nadie se vea obligado a requerir su presencia asistencialista ante cada inclemencia de tiempo.

Hay, sin embargo, una dinámica económica en este mítico Estado presente con el que tanto se nos ha empachado los sentidos. Esta administración Nacional y provincial la cumplen a rajatabla; y se da mes a mes cuando se extirpa de los trabajadores, de los ciudadanos, el porcentaje creciente de su salario en forma de ganancias, cuando se extirpan con los recursos impositivos de todo el rango de aportantes, parte de los proyectos de vida de los ciudadanos para entregarlos como manutención de las suculentas ansias de los funcionarios públicos y las, aún más suculentas, erogaciones de campaña.

Y siempre están en campaña; tal es así que hoy, estos funcionarios, han terminado mostrando abierta y descaradamente que, del manejo político de la desgracia que han provocado con sus irresponsables administraciones, aún pueden obtener algún rédito. Y así, todavía elucubran sacar un provecho adelante de un micrófono. Y lo que se vende a la ciudadanía como una altruista pretensión mayor por la vía del otorgamiento de un subsidio al ciudadano sufriente, termina siendo un modesto suceso que solo muestra el retroceso -una vez más-, que ha puesto a la ciudadanía como combustible de un modelo asistencialista que para subsistir requiere, inexorablemente, de un Estado ausente que genere las desgracias ciudadanas con las cuales se activarán todos los mecanismos de la rapiña política. Esa que hoy ha bautizado el proceso descrito, con el nombre de “ESTADO PRESENTE”.