viernes, 16 de enero de 2015

Marxismo, el inicio.




Tiene 18 años, su primer trabajo le exige estar 8 horas por día 6 días a la semana por un salario que solo alcanza para comprar parte de su ropa y salir los fines de semana -siempre y cuando viva con sus padres-. Si pretende vivir solo, debe alquilar un departamento de dos habitaciones con dos o tres amigos para estirar el poder adquisitivo de su trabajo. Un día, luego de tener un agudo contratiempo con su jefe, encuentra en la mesa del departamento que comparte con su compañero universitario, una fotocopia que dice "El Manifiesto Comunista".

Destapa una lata de cerveza para abordar la lectura y, una vez en ella, encuentra en el poder de la palabra la potencia de un golpe de knock out -aunque lo interpreta como un baldazo de agua fría que lo ha despertado de una larga ensoñación-. El siguiente tramo lo hace pensar que es una especie de elegido, que solo unos pocos pueden ver una verdad que han sentido desde siempre, y que, entre ellos, el ha tenido el privilegio de haber sido ungido. Finalmente la vida tiene un sentido. El tramo de lectura que lo ha despertado dice así:


"La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases.

Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna.

En las anteriores épocas históricas encontramos casi por todas partes una completa diferenciación de la sociedad en diversos estamentos, una múltiple escala gradual de condiciones sociales. En la antigua Roma hallamos patricios, caballeros, plebeyos y esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos, maestros, oficiales y siervos, y, además, en casi todas estas clases todavía encontramos gradaciones especiales.

La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas.

Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado."



Advierte rápidamente que el es un proletario, y que su jefe, o bien un idiotizado burgués al servicio de un amo -el dueño de la empresa para quienes ambos trabajan-, o bien un proletario sin consciencia de su clase que está siendo explotado mediante la sutil herramienta que tiene en su inconsciente; piensa con la cabeza del dueño.

Esa noche lee todo el manifiesto, al otro día se siente otra persona. Y efectivamente lo es: Ya no va a trabajar, sino evitar que otros trabajen. Ya no va a pensar en estudiar, sino evitar que otros estudien. Ya no va a amar, sino evitar que otros amen. Y ya no va a ser feliz, sino evitar que otros lo sean.

Así comienza la historia.

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